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La Directora del Museo de Antropología reivindica la necesidad de revalorizar a los primeros habitantes del territorio cordobés. Y cuestiona “la imposición de un pasado jesuítico”.
(Alta Gracia, de nuestra redacción) A pesar de su rica trayectoria profesional en los campos de la Antropología y la Arqueología, la investigadora Roxana Cattáneo no elude debates que trascienden a la academia y se meten en la vida cotidiana de todos los cordobeses. Por caso, gusta desarrollar algunas hipótesis sobre la imposición de un pasado jesuítico, destaca la necesidad de “volver a visibilizar” a los primeros habitantes del territorio provincial y hasta tiene tiempo para opinar sobre la mentada declaración de “Patrimonio de la Humanidad”, que incluye a Alta Gracia. Aquí, la entrevista.
¿Cómo han incidido los pueblos originarios y los afrodescendientes en la conformación de la actual provincia de Córdoba?
Los datos bioantropológicos que los investigadores del museo han producido indican que sobre un análisis genético de ADN mitocondrial (linajes conservados por vía materna) de poblaciones que se estiman pertenecen a pueblos originarios, sobre el total estudiado un 86% de los análisis corresponden a poblaciones de este tipo y alrededor de un 8% a afrodescendientes, y en muchos casos a ambos a la vez.
¿Y qué proceso se desarrolló para que esa cultura siga, aún hoy, poco visible?
De acuerdo a la documentación, al producirse la libertad de vientres y posteriormente la liberación, o incluso huyendo de la esclavitud, muchas de estas familias no poseían tierras, por lo que migraban a los "pueblos de indios". Estas comunidades originarias se vieron luego desarticuladas, o "desaparecieron" por una gran cantidad de razones generadas por la conquista hispana.
La presencia de los africanos y castas en nuestra Córdoba la encontramos no sólo en la mano de obra de las estancias jesuíticas, sino en todos los conventos y casas particulares. Su legado cultural está inserto en nuestra memoria colectiva y profundamente arraigado; son parte fundamental de la identidad cordobesa, que sufrió durante décadas un proceso estructural de “emblanquecimiento/invisibilización”.
Sobre este tema se está trabajando fuertemente para acompañar el proceso de volverlas a visibilizar.
¿Coincide en que en los últimos años se ha revalorizado la figura de estos pobladores originarios? Si así fuera, ¿qué sentidos cree que se han visto en disputa en esa revalorización?
Efectivamente, en los últimos años ha habido un crecimiento muy importante en lo que es la organización de las comunidades, que también se ha visto acompañado por las instituciones y la legislación vigente. En general el mayor problema se ha generado por el desconocimiento, producto de años de invisibilización, por lo que nos espera una tarea importante como museo.
Le preguntaba eso porque el Museo de la Estancia, aquí en Alta Gracia (y no sólo) viene trabajando en un programa denominada La Ruta del Esclavo. ¿Es posible pensar estos temas desde un interés histórico, antropológico e identitario, sin una carga turístico-comercial?
En el Grupo Córdoba La Ruta del Esclavo, del que formamos parte, estos temas están siendo trabajados desde las áreas de interés académicas y de extensión universitaria, sin un vínculo con una carga turístico-comercial. En 1994, Unesco lanzó el Proyecto “La Ruta del Esclavo” a propuesta de Haití. Se trata de un programa intersectorial y transdisciplinario que apunta a romper el silencio sobre la esclavitud, poner de manifiesto las transformaciones sociales que se produjeron, la interacción cultural que generó la trata de esclavos y contribuir a la cultura de la paz y la coexistencia pacífica.
(Leer nota completa en la edición impresa 527, del viernes 17 de agosto de 2012)
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